viernes, 11 de mayo de 2007

Certezas y falsedades sobre la desigualdad salarial entre hombres y mujeres

En el análisis que el economista Xavier Sala i Martín realizaba hace algunas semanas sobre desigualdad salarial entre hombres y mujeres (en el artículo titulado ‘Introducir desigualdad’), Sala i Martín parece más preocupado por demostrar su tesis, de que las mujeres reciben un salario acorde con su productividad, que por realizar un análisis riguroso del fenómeno.

Según el economista antes citado, si las mujeres cobran menos es porque a lo largo de su vida trabajan menos horas que los hombres y porque son menos productivas que ellos. Aunque gran parte de los argumentos que expone Sala i Martín son compartibles, otras afirmaciones que realiza son muy discutibles.

Entre sus afirmaciones más acertadas hallamos la de que las mujeres cobran de media menos que los hombres porque las circunstancias sociales en las que viven les suponen ciertas limitaciones en el ámbito laboral. Una de estas limitaciones es la de abandonar el trabajo durante un largo periodo para tener y criar a los hijos. Otro inconveniente muy común para muchas mujeres es el de verse obligadas a aceptar sólo los puestos de trabajo con más flexibilidad que les permiten simultanear el trabajo público con el que desarrollan en casa y con sus familias.

En cambio, otras partes del análisis de Sala i Martín son francamente poco rigurosas. Es incorrecto afirmar gratuitamente que las mujeres tienden a querer trabajos menos estresantes que los que aceptan los hombres.

Según el economista Sala i Martín, este factor, junto al hecho de querer trabajos con mayor flexibilidad determinan que las mujeres renuncian a un 7,9% más de ingresos; sin embargo esta afirmación hierra desde la base: ¿qué es un trabajo estresante? Seguramente los autores del estudio al que hace referencia Sala i Martín consideran que las mujeres no aceptan trabajos que les resultan agobiantes o estresantes y a los que acceden en su mayoría hombres; sin embargo, de la misma forma muchos hombres no querrían realizar algunos trabajos que en su mayoría desarrollan mujeres y que a ellos les resultarían estresantes. Por tanto, no es correcto afirmar que las mujeres renuncian a un mayor salario en pos de la comodidad, sino que lo que en realidad sucede es que aquellos trabajos a los que recurren en su mayoría mujeres están menos valorados.

Un ejemplo de esta realidad lo podemos encontrar en la contraposición del empleo de paleta con el de cuidadora de guardería. No podemos decir que uno de estos trabajos sea más sacrificado que el otro, ya que, mientras en el primero se pone más a prueba la parte física, en el segundo es la parte psíquica la que se trabaja más, así como otras capacidades como la paciencia o la empatía. El caso es que estos dos oficios que sirven de ejemplo tienen una diferencia de remuneración muy grande; mientras el trabajo de paleta puede dar de comer a una familia, el salario que se cobra por trabajar en una guardería es de aproximadamente la mitad. ¿A caso es un trabajo que debamos valorar menos?

Este es sólo un ejemplo de la menor valoración que recibe desde el mercado laboral el trabajo de las mujeres. Es hipócrita afirmar que ellas no realizan trabajos estresantes, pues tanto hombres como mujeres tienden a buscar aquellos trabajos que mejor se adaptan a su personalidad individual.

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