Asesinado a tiros en Estambul el periodista que desafió el nacionalismo turco
El viernes pasado, el periodista Hrant Dink fue asesinado a tiros en Estambul.
La voz de la comunidad armenia en Turquía, el hombre que desafió con su libertad de expresión el nacionalismo turco, fue asesinado hace ahora una semana a las puertas del semanario Agos, la revista bilingüe que dirigía, en el centro de Estambul. Hacía años que era perseguido por la ultraderecha de Turquía por haber afirmado lo que es una verdad probada, el asesinato de más de un millón de armenios a principios del siglo pasado en lo que entonces era el Imperio Otomano, o lo que de este quedaba, que se correspondía casi con las fronteras de la Turquía actual.
Este asesinato ha recibido la repulsa de la mayoría de la sociedad turca, y en el país mediterráneo se han sucedido las manifestaciones contra la muerte del periodista. Incluso el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan compareció ante las cámaras afirmando: “Han disparado contra la democracia y la libertad de expresión”.
El asesinato de este periodista armenio, tal como Erdogan dice, es una nueva vulneración de la libertad de expresión en Turquía. De ello no son responsables los gobernantes turcos, bien al contrario, hubieran deseado, como mínimo por sus voluntades europeístas, que este asesinato no se hubiera producido.
Quienes han asesinado ha este defensor de la libertad han sido los seguidores de una ideología racista y mentirosa, la ultraderecha ultranacionalista turca, para quienes la mención del genocidio armenio es una declaración de guerra. Lo que llama la atención es que, si bien este atentado de ahora no gusta a los demócratas turcos, durante mucho tiempo antes, ha sido el propio Estado Turco el que ha vulnerado la libertad de expresión con relación a la cuestión armenia El mismo Dink fue juzgado recientemente, así como lo han sido a lo largo años muchos otros, en Turquía por defender la existencia del genocidio armenio de 1915. Las leyes turcas prohíben pronunciaciones en este sentido. Entonces cabe preguntarse sobre lo democráticas de estas leyes.
Reivindicar la existencia del genocidio armenio no es ningún capricho. Si algo nos enseña la historia es que sin reconocer el pasado nunca podremos vivir el presente. El genocidio sufrido por los armenios fue el primer genocidio del siglo XX, así como uno de los peores que se recuerdan, de él existen incluso pruebas fotográficas. ¿Cómo puede entonces el Estado Turco negar esta evidencia histórica? Y ¿puede considerar democrático un Estado que criminaliza cualquier afirmación sobre el genocidio armenio?
El pasado junio el periodista armenio asesinado afirmaba: “Quienes me amenazan son los principales interesados en que Turquía no se aproxime a la Unión Europea”.
Hoy en día seguro que muchos turcos ya no quieren vivir en la mentira, pero ¿cómo oponerse a una mentira que sigue sin ser reconocida ni por el Estado Turco ni en sus libros de historia?
Los precios de la vivienda han vuelto a subir. Según el diario La Vanguardia la noticia es buena, claro, no porque suban los precios, sino porque “sólo” se han encarecido un 9,1%. Claro, ningún diario con un poco de vergüenza dirá que la subida es buena porque favorece la especulación; sin embargo, la mayoría de medios, con su escaso sentido crítico no hacen sino promover el conformismo social. Es normal: no creo que José Antich, director de La Vanguardia, se vea muy perjudicado por estos precios. Seguramente todo lo contrario, este hombre debe tener un muy buen sueldo y seguro que tiene su ‘dinerillo’ invertido en algún que otro edificio de viviendas. ¿Serán pisos vacíos?
El gobierno de la Generalitat, con Montilla a la cabeza, va a promulgar una ley que permitirá embargar los pisos vacíos para poder alquilarlos a aquellos que no disponen de una vivienda. A José Antich esta medida no le parece nada bien, dice: “No creo que la solución venga de iniciativas como la expropiación de pisos vacíos después de un tiempo para colocarlos en el mercado de alquiler”; es que él es más partidario de que la Administración dé garantías a “aquellos propietarios que quieran alquilar”. Se ve que el señor Antich, a quien no tengo ni el placer ni la desventura de conocer es de los que prefieren no alquilar y esperar un buen momento para vender, aunque claro, si mientras tanto le pagan un alquiler: mejor que mejor.
Nos engañan y lo que intentan es calmar un movimiento social con cada vez más fuerza. Mucha gente no tiene acceso a lo que debería ser un derecho fundamental. Dicen que los precios de la vivienda sufren “el menor aumento en seis años”. Yo, sin embargo, voy a decir una verdad como una casa, y nunca mejor dicho: ¡Los pisos son más caros que nunca!
En una cosa le doy la razón a La Vanguardia, “el problema de fondo seguirá subsistiendo”, claro, sobretodo si no se aplican medidas. Continuamente la Administración y los medios nos informan de lo mucho que crece el PIB por cápita de los españoles; sin embargo, estamos en la era del trabajo precario y los contratos basura. Una vivienda digna es un recurso fuera del alcance de una gran mayoría de ciudadanos.
Puede que en los próximos años, como afirman algunos medios, el precio de la vivienda empiecen a subir “cada vez menos”. ¡Pero atención! No dicen que empezará a bajar, dicen que “subirá menos”. Eso no cambiará nada. Ha llegado un momento en el que los intereses de la mayoría de ciudadanos y los intereses de aquellos que hacen negocio con la vivienda son incompatibles. Con el ritmo de subida actual, los pisos siguen siendo muy rentables para la especulación.
En Francia, una gran protesta ciudadana que ha recorrido todo el país ha logrado que el Gobierno se comprometa a asegurar el derecho de todos a disponer de una vivienda digna. ¿Cuánto vamos a esperar en España?
Aquest és un comentari que li vaig a la meva amiga Maricarmen al seu fotolog.
Eiiiiii! Com va tot!
Vaja vaja, osigui que lligant! Molt bé, s’ha de lligar! A lligar tots!
Per cert, la foto és molt maca!
I no t’escric això perquè em comentis el blog, ho faig de tot cor, encara que, com diu el meu profe de caste (amb qui ja no tindrem més classes, avui ha estat l’última): “no voy a decir esa cursilada de ‘con la mano en el corazón’”.
El profe de caste avui ens ha deixat altres perles, per exemple, ha parlat de lo dolent que és fumar “petas” (paraula literal d’ell). No és que ens hagi fet cap sermó, ben al contrari. Es veu que aquest matí s’havia trobat un home fumant-se’n un i matant-se el cervell amb això i el Félix (profe) s’ha posat ha reflexionar a classe una sèrie de coses. De fet, les seves classes són pura improvisació, crec que no se les prepara gens, tot i així, el fet de que les improvisi no treu que siguin bones.
Ens ha dit sobre els petes: “dicen que son una droga, pero no son malos por eso, porque también hay otro tipo de drogas que son buenas..., como el amor, -bla bla bla-; lo que os digo es que no demonicéis nada, que no os creáis verdades absolutas, nisiquiera lo que yo os digo” –Félix Balançò.
I a tu com a tots, comenta’m el blog només si et ve de gust!
Adeu maca!
Algunas de las cosas que dije en mi escrito ‘Buscar las diferencias’ me hicieron pensar. ¿Acaso no se pueden buscar las diferencias entre unos y otros? Yo mismo me he interesado a menudo por las características culturales de mis compañeros de estudios y amigos venidos de otras partes del mundo. Interesándome por ciertos aspectos de su identidad cultural diferentes de los míos propios nunca he pretendido crear fronteras entre estas personas y yo; todo lo contrario, precisamente cuando me he interesado sinceramente por este tipo de aspectos ha sido con aquellas personas con las que me he sentido realmente a gusto, con los buenos amigos. Puedo decir ahora, retrospectivamente, que creo que además de reforzar los lazos de amistad, el conocimiento mutuo, y el conocimiento de las diferencias también sirvió, aún sin ser conscientes de ello, para que nos sintiésemos más iguales.
Creo, pues, que hay distintas formas de buscar las diferencias o de destacarlas. Sobretodo esta última forma, destacar las diferencias sin mostrar interés por conocerlas realmente, es una muestra de que se quiere mantener la separación, la segregación del propio grupo respecto de este otro ‘diferente’.
Indagar en las diferencias o interesarse por las características culturales o personales de otras personas no tiene por qué ser algo que enturbie las relaciones humanas; por lo contrario, suele ser algo que junta a las personas y que les hace entender todo lo que comparten y que crea lazos psicológicos de amistad y cooperación.
Iré más lejos, creo que en un país democrático los grupos culturales minoritarios de la sociedad tienen derecho a ser conocidos, reconocidos y respetados. Derecho a no sentirse bichos raros, a que no te miren mal o a no recibir un mal trato por parte de tus conciudadanos. El desconocimiento, los prejuicios o los conocimientos equivocados suelen ser la causa de racismos, de la discriminación a grupos étnicos diversos y a inmigrantes. En un país democrático, además, cualquier cultura minoritaria debería ser defendida si es necesario por el Estado. La administración pública debería encargarse de emprender campañas informativas sobre los diversos grupos étnicos, religiosos, nacionales o lingüísticos y deberían promover la buena imagen de los grupos culturales para luchar contra el rechazo social.
- escrito el 3 de enero de 2007.
En este escrito querría comentar el uso que se hace de una palabra así como reflexionar sobre la forma que tienen las personas de entender el mundo, o, al menos, la que parece común en nuestros tiempos.
A menudo nos encontramos con artículos en los que se habla de las características ‘diferenciales’ de algo. Lo cierto es que, asociado a este uso, recuerdo un contexto concreto; de hecho, es muy común la utilización precisamente de estas palabras cuando se habla de la identidad nacional catalana, un tema que ocupa gran parte de nuestras reflexiones social-políticas, así como de nuestro tiempo y nuestras palabras. Dejemos para otra vez la discusión sobre la naturaleza nacional de Cataluña, y analicemos este caso lingüístico.
El último caso en el que observé este uso de la palabra ‘diferencial’ fue en el artículo Dios y la Navidad (El Periódico, 30-12-2006), donde se dice que en la Edad Media se configuraron los “rasgos diferenciales” de Cataluña. No critico lo que afirma la frase, de hecho me parece acertada en el contexto en el que aparece, un artículo que trata la cultura religiosa en el ámbito catalano-español. Tampoco critico este uso léxico, sino que quisiera comentar que en lugar de hablar de rasgos ‘característicos’ o ‘particulares’ se utilice esta otra expresión que contrapone lo propio, en este caso lo catalán, a lo de los demás.
Quizá es que las personas entendemos mejor las cosas al diferenciarlas de otras, o que nos resulta más fácil comprender lo que nos rodea construyendo fronteras semánticas que nos muestren claramente aquello que recibe un nombre de lo que recibe otro. O quizá es que vivimos en la época del nacionalismo y están de moda las generalizaciones que contraponen lo de una ‘nación’ a lo de ‘otra’ y eso sin hablar directamente de racismo. Es difícil decir si las épocas anteriores se distinguían demasiado en cuanto a lo que se refiere a la defensa de lo propio de la tribu en de lo de las demás; sin embargo, lo que se evidencia es que un tiempo en el que el humanismo impere sobre los demás particularismos queda aún lejos.
No sé si la causa será psicológica ni si será que para las personas es más sencillo entender lo que les rodea por medio de buscar las diferencias entre unas cosas o otras; el caso es que creo que es posible concebir las cosas incluyendo las diferencias y las similitudes. Aquellos ejercicios que realizan los estudiantes que consisten en explicar las diferencias entre dos conceptos de una materia ya no son un juego; aquello a lo que se nos acostumbra acaba siendo también lo que hacemos servir en nuestro día a día para entender la sociedad. Cuando un periodista nos informa o comunica, si sólo sabe hacernos ver las diferencias ahí donde también hay similitudes, entonces puede estar haciendo dos cosas, puede que esté cayendo en los déficits que inevitablemente siempre tiene la comunicación, lo cual no resta utilidad a su acción, o, de lo contrario puede que esté dándonos una visión sesgada del mundo. Al hacer un uso social de la comunicación estamos generando en nuestros receptores una forma de entender el mundo; y el trabajo de un periodista puede ser tan útil y positivo como negativo puede ser si se hace mal, y si crea un imaginario socialmente dañino en la cabeza de los ciudadanos.
Así por ejemplo, según mi concepción, acentuar solamente las diferencias entre los pueblos, así como entre las personas, no es positivo, ni para el conjunto ni para los individuos particulares. Puede que el ejemplo citado y que es el que suscita toda esta reflexión parezca una anécdota, qué más da que un texto se ponga el acento en las diferencias en lugar de hacerlo en las similitudes, es solo una frase. Pero el ejemplo que aquí cito solo es un caso de lo que es una costumbre en nuestro país y en nuestra Cataluña, exaltar las diferencias en lugar de lo compartido. Y cuando en algo se produce consenso, para el público, es como si fuese verdad, es la verdad que queda en nuestras cabezas. Además, normalmente solo se alude a estas supuestamente clarísimas diferencias sin especificar en qué consisten los tan icónicos rasgos patrios, con lo que la supuesta diferencia identitaria se convierte en un simple tópico. Por supuesto, no estoy reclamando que se nos relaten los mil y un mitos que ornamentan ninguna de las religiones excluyentes, todo lo contrario, el bien común exige olvidar religiones tribales, es hora de que el hombre salga de las cavernas, es hora de buscar las similitudes, aunque es un trabajo difícil para quien está acostumbrado a lo contrario. En esta época navideña reivindico una fe laica, la de tener fe en los que son diferentes, porque en realidad no son tan diferentes.
- escrito el 31 de enero.